domingo, 15 de noviembre de 2009

Las noches hundidas_ José Antonio Bravo


José Antonio Bravo es sin duda y hasta el momento el único verdadero escritor que haya conocido en persona y con el cual haya intercambiado palabras (a Vargas Llosa sólo alcanzaría a darle la mano). En gran parte debido a que llevé clases con él, en su Taller de Novela en el Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar, y también debido a que buscaba realmente conocer a un verdadero escritor en el lugar donde radico, Lima. Si bien conocí su obra de forma posterior a llevar clases con él, me gané una gran y grata sorpresa: saber que en efecto era casi tanto como lo que prometía. La obra que leí de él hace poco, "Las noches hundidas", realmente me convenció. La obra trata en síntesis de un joven que inicia su vida como escritor, o más específicamente de alguien que promete ser escritor pese a que aún le falta mucho (en gran parte es una obra autobiográfica), y que se encuentra en una situación libre, de total independecia debido a que su padre lo botó de la casa, pero irregular, debido a que se encuentra solo, pobre y convive con unos amigos aspirantes a artistas (unos a pintores, otros también a escritores) (en parte también me hizo recordar a la novela "Rayuela") y que viven en una ciudad que tampoco les promete mucho, la Lima de los años 60. La acción se centra en el pensamiento de dicho personaje, Miguel, que en gran medida medita sobre su futuro, su vida pasada, su vida actual y su vocación de escritor, artista, (todo de una forma onírica y tal vez poética en la prosa) además del medio que le rodea y sus amigos, jóvenes entre 18 y 30 años, que más o menos están en su situación o tal vez peor; Mónica es una de sus amistades por la cual él siente cierta atracción, pese a que ella sea enamorada de uno de sus amigos. Por lo general con sus amigos tendría una vida bohemia. Tiene un amigo poeta que es su ejemplo a seguir. Entre sus amistades destaca uno que es pintor y que al parecer es mayor como por 6 o 7 años, destaca por tener una mayor madurez y seriedad con la obra que hace, se ve también que tiene nociones sólidas acerca de lo que uno debe hacer y no debe hacer si es que quiere ser un verdadero artista, en una parte Miguel conversa con él sobre lo que es el verdadero talento y lo que no lo es (una conversación muy interesante debido a que de paso hacen ver lo que es un falso artista, o lo que Miguel llamaría "un gallinazo"), conversan de ello y también, en partes más avanzadas de la obra, del "acto de crear" como algo más elevado y de la "fe" en el proceso artístico como una demostración en el simple hecho de crear ("realizar, crear de por sí es un manifiesto de fe en lo que se hace. Hacer algo demuestra la fe que se tiene por hacerlo. Yo pinto y así demuestro fe por mi convicción de artista", diría su amigo el pintor), asimismo también hablarían de las cosas negativas que afectan a un novel artista: creerse superior a los otros por el simple hecho de ya haber creado algo, caer en el egocentrismo y la superflua fama, la bohemia, el vivir y percibir sensasiones aparentemente para la inspiración, sin convicción y cayendo en el hoyo del vicio, olvidarse de las cosas sanas y normales que darían mayor tino para la inspiración y posterior creación, como las anécdotas, las experiencias vividas, observar alrededor o en partes específicas. Unas conversaciones interesantes. Tras las conversaciones que tendría con su amigo, se daría cuenta de que no era necesario sentirse miserable y tener una vida triste ( de forma decadentista) para llegar a lo sutil, sublime y propio de un artista que primero intenta explorar el interior mismo para luego explorar lo demás, cosa que explica y hace ver que fue motivo para dejar sus estudios universitarios y tener el tipo de vida que luego obtuvo. En una Miguel citaría una anécdoa muy extraña que le ocurrió estando él en Chosica (un distrito que se encuentra a las afueras de Lima con dirección al este), sucede que una vez caminando sólo por la calle se cruza con un viejito medio raro y éste último le invita a que le acompañe a su casa, Miguel acepta, aún no sabiendo realmente qué es lo que le hizo que aceptara, seguro una intuición, un instinto, y cuando va a la casa del anciano se gana una rebelación, un pensamiento intuitivo-filosófico tan extraño como acertado, un pensamiento que en resumen decía esto: "En el mundo existen varias dimensiones y cada una es más compleja que la otra, pero todas son necesarias... en la segunda dimensión se encuentran los peces, que viven en las aguas y no saben lo que está más allá del agua, en la tercera están los animales poco evolucionados, que viven en tierra, pero no son concientes, en la cuarta están los animales y seres más evolucionados, que viven en tierra y que tienen inteligencia, siendo el máximo exponente el hombre, en la quinta ya no se encuentran los animales, sólo el hombre, pero de los hombres sólo unos cuantos, que son los que crearon obras imperecederas que sobrevivieron a su tiempo y sociedad, aquí se encuentran creadores y genios como Edison, Beethoven, Einstein, Voltaire, claros ejemplos de creadores de obras de la quinta dimensión, pero aquí no acaba todo, todavía hay una dimensión más y aquí realmente se encuentran muy pocos ejemplos, se trata de personajes que no dejaron obras concretas en sí, como inventos, teorías, música, sino más bien ideas que nunca dejaran de asombrar y llamar la atención y los corazones de las personas, aquí encontramos a Jesús, Buda... ", sin duda un pensamiento que a primera vista llama la atención; lo compartió con su amigo y sacaron interesantes conclusiones. Hay una parte en la cual su amigo el pintor lo invita a ir a su casa para que escuchen un tema musical muy notorio, el "Adagio" de Albinoni. En esa parte la música se vuelve la protagonista, con sus partes melancólicas, poéticas y en partes dulce, Miguel hace memoria de escenas de su vida cuando vivía con sus padres y cómo estrepitosamente rompió con ellos, siendo botado luego por su padre, quien lo veía como un vago, un bohemio y supuesto perverso, no comprendiendo de por sí la situación que en realidad pasaba su hijo, que era de desorientación, ante ello Miguel piensa que en un futuro hará ver a sus padres que después de todo se equivocaron con él, que él será capaz de demostrarles que puede brillar con luz propia, incluso mucho más. También recordaría a su madre quien sufrió mucho por su partida y la recuerda dulce, comprensible, pero inhibida de decir algo debido a su padre, a quien a partir de entonces tendría una especie de rencor, pero no perverso, sino de revancha. Sale de su ensimismamiento cuando su amigo el pintor le dirige la palabra. La obra, si bien noté, tiene un final ambiguo, cercana a la última parte se ve que Miguel en conjunto con sus amigos, entre ellos el pintor, están en un bar- espectáculo teniendo conversaciones como de costumbre, acompañados en el mismo local por otras personas pseudo-artistas (gallinazos) o artistas en inicios pero con futuro en el mejor de los casos. Están ahí y ven un poco de la basura que ahí se excibe, una tía gordan y mayor que recita copisos y poco originales versos, en una mesa unos tipos, casi fanáticos, que citan y no se cansan de hablar de varios autores consagrados y en otras mesas pseudo-poetas leyendo versos para unas putitas, creyéndose unas de ellas en el paraíso y apogeo de la cultura por escuchar trascendentales poemas. Están ahí un rato hasta que luego se hace muy tarde y su amigo el pintor dice que se va, le invita a Miguel para que le acompañe, pero como entre los que los acompañan se encuentra Mónica, decide quedarse. Su amigo se va, y más adentrada la noche, comienza la parte más libertina en dicho bar y es ahí cuando Mónica, como extraña y desmesurada manía que tiene, hace competencia con otra chica del grupo, Juana se llama si bien lo recuerdo, y compiten por ver quién es más atrevida y excitante que la otra, hacen una especie de sesión de strip tease delante de todos y al final Mónica se desnuda toda como último medio para ganar la competencia. Luego de ello se da la juerga, y el exceso termina por matar a Miguel sin que los otros se dieran cuenta. Al parecer se trata de un muerte abstracta, pues al último se ve que Miguel se reencuentra con Mónica después de un tiempo, y la encuentra embarazada, luego se entera que sus otros amigos se han hundido. En general me siento identificado con dicha obra, sin duda la entendí en la mayor parte, me sentí como parte de la obra al leerlo y, pienso, eso fue por cuestiones muy personales.

martes, 27 de octubre de 2009

¿Por qué Poenari?


Porque en Rumania es un lugar remoto,
una zona montañosa y de difícil paso
antiguamente localizada
en la frontera entre Transilvania y otras tierras.

Construído por el príncipe Vlad III de Valaquia,
más conocido,
por la obra de Bram Stoker,
como el legendario Drácula.

Construído por nobles esclavizados,
que salvaron de ser empalados,
que no obstante murireron,
siendo sus huesos parte de los muros.

Construído en la punta del cerro,
ya alejado y tétrico,
resguardaba el paso,
a las tierras del príncipe,
de los turcos enemigos,
enemigos a la vez del cristianismo.

De ahí Vlad les emboscaba,
lluvia de flechas caían,
por el estrecho paso,
maltrecho y angosto,
muchos guerreros caían,
y como si fuera poco,
a los sobrevivientes los empalaba.

Festín de sangre tuvo Vlad
en sus constantes guerras,
muchos guerreros caían,
aliados o enemigos,
y ahí estaba él
que gozaba de la carnicería.

Y por si fuera poco
a los sobrevivientes los empalaba.

¿Era loco él? ¿Lo disfrutaba?
Sólo él lo sabía,
mas se dice que lo que hacía
estaba justificado.
¿Acaso no vale más defender
lo propio y digno,
así nos valga la cabeza?

Así pues defendió,
incluso hasta su muerte,
el avance otomano a occidente,
como los espatarnos con los persas,
como los españoles con los moros.

Luchó y defendió desde su castillo,
aunque llegando a extremos,
aunque de forma sanguinaria,
hasta que le llegó la hora.
Y tras su muerte y leyenda
se hizo inmortal.

Su castillo quedó para la posteridad,
como vestigio de su obra,
magna y oscura,
violenta y épica.
Por que en guerras, por si fuera poco
hasta a los sobrevivientes empalaba.

lunes, 26 de octubre de 2009

IL DIVO in Lima


Sin duda uno de los mejores conciertos a los que he ido en lo que va del año, y no fue cualquier conciertito, fue el concierto de Il divo, el famoso cuarteto de jóvenes tenores, de distinta nacionalidad, intérpretes de Ópera pop. Género que hace no mucho resurgió y mantiene en la actualidad un espacio bien merecido en la escena musical mundial. Sólo con retroceder dos o tres décadas podemos encontrar, entre los que interpretaban este tipo de música, a un número de artistas mediano, contadito, entre ellos Pavarotti, Plácido Domingo, Monserrat Caballé, por mencionar algunos, que ponían de manifiesto y exponían la música de reservorio clásico y el pop (baladas), algunas veces por separado, pero también de forma combinada. No obstante el renacimiento de este tipo de música (sea Ópera pop o Bel canto) se debe principalmente a la soprano María Callas, quien por las décadas del 40' y 50', gracias a su genuina voz, hizo interpretaciones en Italia y E.E.U.U. que además de maravillar a directores y compositores, llamaron la atención del público y a partir de ello su estilo, así como el repertorio que cantaba, ganaron apreciación de parte de ellos, no obstante lo veían como algo curioso (el público), que creyeron sería pasajero, pero gracias a la repercusión que tuvo se mantuvo, puesto a que otros intérpretes, a partir de lo hecho por ella, decidieron incursionar en la música de gusto popular, claro está, guardando lo propio, la música de cámara, el Bel canto.

Muchas gracias IL DIVO por su concierto en Perú, sin duda inolvidable.

miércoles, 21 de octubre de 2009

El túnel_Novela existencialista


No sé, la novela es buena, tanto en la forma y tipo de narración, como en demostrar la psicología del protagonista, que no está demás decir era loco, también por la forma de demostrar el pensamiento de la chica, a la cual ella estimaba y quería, aunque retorcidamente, a pesar de todo, la trama no me convenció, es como un poco manoseada, y no lo digo porque estoy en contra de la obra, sino por el hecho de haber leído, con anterioridad, otra obra con una trama similar, en la cual un hombre, con trastornos de personalidad, al ver que aparentemente su mujer le es infiel al último acaba matándola, y no me refiero a una obrita cualquiera, de cualquier escritor de pacotilla, esta obra a la que me refiero es "La sonata a Kreutzer" del gran escritor León Tólstoi. Y bueno, tampoco puedo decir que uno copió del otro, eso sería grotesco, ya que, como se sabe, León Tólstoi vivió antes que Ernesto Sábato, y bueno es fácil deducir cuál obra salió primero. Y aunque ambas obras tengan una columna vertebral similar, por así decirlo, tienen muchas diferencias entre sí, una de ellas sería la intención de la obra, lo que quieren dar a conocer, demostrar o incitar a reflexión, en la obra de Tólstoi la intención es dar a conocer a la gente, específicamente a los varones, que el machismo, la falta de raciocinio calmado y el tomar conclusiones precipitadamente, antes de saber la legítima verdad, el motivo o la razón, todos estos, pueden llevar a consecuencias nefastas, negativas y en el peor de los casos un crimen; en el caso de "El túnel" la intención es otra, va más allá, ya no se remonta únicamente a los aspectos concretos y existentes en el medio donde uno vive, en la sociedad, sino al mundo interior de una sola persona, algo que poco o casi nada puede ser percibido por el medio externo, en este caso tenemos a Juan Pablo Castel, un pintor de cierta fama, el cual guarda un resentimiento y aversión por la sociedad, él es aislado, tímido, algunas veces precipitado, analizante, tosco y por sobre todo un individuo distinto a los demás (o por lo menos así lo demuestra la obra). La intención de esta obra es más filosófico que moral, en ella el autor nos da a conocer unas pautas y ejemplos de la naturaleza humana, claro, no en estado normal, en estado de crisis y falta de aceptación, no de uno de parte del medio, sino lo inverso, una falta de aceptación de que uno puede ser normal u ordinario, igual a los demás; en todo caso nos da unas ideas existencialistas, en la cual... (Bueno eso lo dejo en suspense, para que el lector, si es que está interesado, busqué más acerca de la corriente filosófica existencialista).

Una definición de existencialismo: "es una filosofía que da énfasis a la singularidad y aislamiento de la experiencia del individuo en un universo hostil o indiferente, existencia humana como inexplicable, y responsabilidad por las consecuencias de sus actos" (Merriam-Webster p.215).


Reanudando, en parte, a lo que decía de Castel, el protagonista de "El túnel", él es un hombre solitario, alguien quien tal vez pasó la mayor parte de su vida solo, aislado, como encerrado, como en un túnel, en el cual él podía, no obstante, mirar a la otra gente disfrutar de la vida, normalmente, tal vez superficialmente, ordinariamente, y a pesar de todo, esa mísera vida tubo un giro inesperado, la llegada y descubrimiento de "María". Ella fue quien de alguna manera revivió y desensemismó a Castel de su estado de letargo e inactividad vital, humana. Desde el primer momento Castel sintió que en ella había algo que para él era complementario, como su media naranja, como su igual, como su otro "yo". No obstante, debido a su falta de mundo e incomprensión, él mismo fue el que hizo que aquello excepcional que hubiera logrado con ella a futuro, no se cumpla, se vea interrumpido, se rompiera irreversiblemente. Pues él era un ser incomprendido, incomprensible, tanto por otros como por él mismo, al fin y al cabo tal vez por su aislamiento, por su soledad, por permanecer en su túnel. Esto se comprueba en esta frase: "...y aunque no me hago muchas ilusiones acerca de la humanidad en general y de los lectores de estas páginas en particular, me anima la débil esperanza de que alguna persona llegue a entenderme. AUNQUE SEA UNA SOLA PERSONA."


A pesar de todo, tanto la obra de Tólstoi como la de Sábato, El túnel, son obras excepcionales, genuinas.


Para los que quieran saber más sobre "la soledad" y soledad existencial, en litaratura, les recomiendo a Kakfa, Hamsun, Hermman Hesse, Baudelaire.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Il grande tenore Andrea Bocelli


Sin duda el intérprete vivo con una de la mejores voces de todos los tiempos. Tal vez exagerado en parte por Celine Dion al afirmar: "Si la voz de Dios se escuchara en la tierra, dicha voz sería sin duda la de Andrea Bocelli". Opinión que a simple vista parece precipitado, pero que en parte no está muy lejos de ello, ya que la voz de Bocelli denota calidez, sentimiento, poesía, el spirito umano vivo. Sin duda un don que obtuvo como reposición a su ceguera, que bien lo supo aprovechar desde niño y lo llevó a su explendor en la madurez, llegando a interpretar codo a codo con el gran Luciano Pavarotti, compatriota suyo, y además con otros muchos artistas de gran talla (Laura Pausini, Sarah Brightman, Elisa Toffoli, Celine Dion, Sting, Zucchero, Bono, Placido Domingo, etc.)
Si bien se sabe uno de los primeros triunfos que tuvo, cuando niño, fue en un concurso regional al interpretar "O sole mio", siendo ganador del primer puesto en la categoría niños, él estando entonces con la edad de 12 años. Luego de ello daría tiempo al canto como algo complemetario, como un hobby, que siempre mantendría, y ya de joven, entre 19 a 21 años, lo utilizaría para ganarse algo participando en bares, con la razón de pagar sus estudios universitarios (estudiaría derecho en una universidad de la Toscana). Y por fin en la treintena de su vida se decidiría incursionar en la escena musical de su país, teniendo mucho pontencial, debido al repertorio de piezas que interpretaba: pop, baladas, música clásica, religiosa (practicado de antes pero al cual no le daría mucha importancia) y por sobre todo el bel canto.
Entre sus mejores interpretaciones tenemos: O sole mio, Un amore cosi grande, Nessun dorma, Voglio vivere cosi, Vivo por ella, Besame mucho, Funiculi Funicula, Con te partiro.

viernes, 25 de septiembre de 2009

"Los cosacos" de León Tolstoi


Esta obra nos da una visión de cómo vivían los cosacos en su vida hogareña, en tiempos cuando no estaban teniendo guerras, en aldeas, en un medio rural y salvaje, rodeados de peligros y protegiendo sus dominios en nada menos que por el mismo Cáucaso (lugar donde ocurre la obra), un lugar alejado de la civilización, un lugar rudo, rodeado de amenazas (como las otras tribus y agrupaciones, como otros tipos de cosacos, bandidos, tártaros y un poco más al noroeste por turcos, que poco o casi no parecen en la obra, pero que, no obstante, están ahí, expectativos o sólo son nombrados). Ésta obra gira en torno a la vida de un militar ruso, Olenin, que pasa una temporada conviviendo con los cosacos, en su aldea, con sus costumbres, con su vida ruda y a la vez más libre y natural, rodeados de bellezas naturales y un medio en el cual la vida humana se muestra menos superficial. Sin duda una obra interesante, en el cual uno de mis personajes favoritos es el viejo, listo, pero fuerte Ieroshka, un personaje peculiar y llamativo. Lo recomiendo para las personas que quieren saber cómo fue la vida de los cosacos, cuando éstos no estaban en conflictos bélicos a gran escala. Para los que quieren ver a los cosacos en plena guerra, les recomiendo la obra "Tarás Bulba" de Nicolái Gógol. Ambas, buenas obras que nos refleja la vida de los cosacos, tanta íntima como externamente.

Poe: ¿Existe relación entre literatura y filosofía?


Como es sabido Edgar Allan Poe fue uno de los más geniales literatos de todos los tiempos y hablar de la magnificencia de su obra, así como de su influencia posterior en la literatura contemporánea, está de más decir, es obvia, cosmopolita y comprendida por muchos a nivel mundial. Es por eso que en la presente crítica ya no me dedicaré tanto a elogiarlo, como es hecho por varios de sus admiradores, sino por lo contrario o no tanto así, hablar de él y su segura relación con la filosofía, de probable naturaleza eclectica, no tal vez siendo él un filósofo académico ni notable, pero que sí se puede apreciar con claridad en los temas de sus obras. Además también diré algo de su importancia en la historia de la literatura y su noción filosófica del mundo y la importancia de la filosofía en la literatura. Una vez un desconocido, por medio de Youtube, a mi canal me dijo: _Veo que te agrada la literatura, ¿Haz leído a algún filósofo? ¿Tienes alguna corriente filosófica con la cual compaginar? Seguro que los grandes literatos compaginaban con cierta corriente filosófica, esperaré con gustos tus respuestas. Saludos. Y aunque no estaba seguro si me lo preguntaba con el afán de agarrarme por ignaro, o porque si de verdad estaba interesado en una buena respuesta, le dije, aunque un poco extrañado y con desconfianza: Hola amigo. Decir que hubo y hay grandes literatos que tengan relación con algunas corrientes filosóficas es cierto, aunque no en todos los casos, ya que, como es sabido, cada uno tubo una forma distinta de ver el mundo, lo cual lo plasmó en sus obras, y se distingue por su propio estilo. Lo cierto es que sí hubo personas que primero hayan sido filósofos y luego literatos, tales como Jean Paul Sartre y José Ortega y Gasset, y tal vez también Nietzche. Otros literatos que hayan tenido alguna relación directa o no con la filosofía son: Mario Vargas Llosa, Fiodor Dostoievski, León Tólstoi, Ernest Hemingway, Víctor Hugo, entre otros. Y tal vez también Edgar Allan Poe, quien dejó una tremenda influencia para la literatura posterior. Ya que, fue el abuelo o padre y tal vez maestro de: el relato de suspenso y terror, novela psicológica, novela policíaca, poesía innovadora que trataba de romper con lo tradicional y fue llevada a su explendor con los "poetas malditos" de Francia, en el s. XIX, tales como su fiel seguidor y divulgador Charles Baudelaire, autor de "Las flores del mal" (obra maestra en la cual se da una renovación total en la poesía moderna), y también una nueva concepción del amor y la muerte; también fue un maestro del relato corto, a la altura y tal vez mayor de Antón Chéjov y Guy de Maupassant. Lo cierto es que entre filosofía y literatura siempre habrá una conexión, ya sea utilizando a la filosofía como instrumento para la búsqueda universal de una interrogante ¿El porqué de la vida? ¿Qué significa la vida? Y ¿Qué significa la muerte? Hasta como medio estilístico para hacer un reclamo, un llamado a gran escala, una protesta contra los males e injusticias sociales, tales como lo hicieron los escritores rusos en el siglo XIX. La filosofía no es un dogma, no es algo privilegiado para un grupo menor, no es algo inalcanzable, simplemente es una forma de actuar.

Chopin: Un genio polaco


Sin duda Fréderic Chopin fue uno de los más grandes genios musicales que hayan existido, y no lo digo yo, varias personas que saben de música y de varias épocas, lo han catalogado como uno de los más emblemáticos compositores de todos los tiempos, junto a Beethoven, Amadeus Mozart, Vivaldi, entre otros. Este personaje a pesar de que existió posteriormente a los ya mencionados, que vale decir vivieron en el siglo XVIII, en el caso de Mozart entre 1756 y 1791 y de Beethoven de 1770 a 1827 (pero sus estilos pertenecían al Clásico, propio de finales del siglo XVIII) y el de Vivaldi al Barroco, que además predominó hasta finales de la segunda mitad del siglo XVIII, sirviendo de base para la música clásica, plenamente dicha, él, Chopin, fue influenciado por estas músicas, pero aún así su música ya no pertenecía a esas corrientes, pertenecía al romanticista y al ser de cierta forma más libre y abierta, a la visión y composición de formas más innovadoras y subjetivas para el autor, compósitor y/o músico, podía él plasmar en su música el sentimiento y la emoción de forma más imaginatiba, novelesca, profunda y por sobretodo libre. El amor por su tierra natal (Polonia), a la cual nunca olvidaría y de la que en parte basaría algunas de sus composiciones (polonesas, mazurcas), así como el cariño profundo a los suyos y a lo que hacía, además del recuerdo de un amor platónico en la adolescencia, que siempre mantendría en la memoria a lo largo de su vida (era un romántico), y la relación que mantuvo con George Sand, así como sus experiencias en París y en Viena, marcarían notablemente en su obra. Es por todas estas razones, además de la personalidad flemática, melancólica, sensible y humilde de Chopin, que su música y sus piezas musicales son obras excepcionales, geniales.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Profundo sueño


He conocido de personas que duermen mucho, de unas que aunque no tan profundo lo hacen por considerable tiempo, de otras, por el contrario, que aunque duermen por lapsos breves lo hacen de forma profunda, pero nunca creí que algunas fueran capaces de hacerlo de forma tan desconsiderada y profundamente, a tal punto que ni haciendo caso a estímulos u otras acciones que interrumpan sus sueños dejen, en momento alguno, su estado, en un abandono total de su medio externo, para, simplemente, seguir durmiendo, como si lo demás no importase, como si fisiológicamente sus cuerpos, más que ellos mismos, debido a que en ese momento no son, vean de mayor importancia y consideración el sueño. El hecho es que nunca creí que uno de esos casos pudiera estar tan cerca en mi entorno.

Una vez en la que nos encontrábamos caminando en la calle, hablando de chismes, experiencias y chistes, paseando sin rumbo, acompañados por el viento, buscando divertirnos y en plan de hueveo. Kent, Walter y yo. En una tarde de domingo, un día templado, un día triste y frío, pero no apagado; una tarde de invierno, en La Victoria, en la que andábamos por la avenida Canadá; en uno de esos días en los cuales lo melancólico del medio incita a la nostalgia, a la meditación, al ensueño, oportunidad en la cual la ocurrencia de un hecho compensaría los ánimos de las circunstancias, de repente a Walter se le ocurrió contarnos una anécdota, que luego de pensarlo un poco comenzó:

_A que no saben lo que ocurrió el otro día.

_A ver, habla- dijo Kent.

_Lo que ocurrió fue una experiencia tan confusa como graciosa.

_Habla pues- dije yo.

_Sucede que el jueves pasado, a eso de las dos de la madrugada, más o menos, mientras a esas horas me encontraba durmiendo, de repente siento que estaban tocando a la puerta de mi cuarto, y lo hacían con tal fuerza e insistencia que al poco rato y, turbado completamente de mi sueño, pregunté quién era, aunque desganado y con sueño. Por un momento creí que se trataba de mi viejo, porque escuché una voz un poco parecida a la suya y hablaba a casi gritando, a lo que me dije: “Pucha, qué querrá ese on ¡y a estas horas!”. Porque a pesar de mi desgano aún recordaba que mi padre había ido a una fiesta y que, debido a ello, seguramente regresaría borracho.

_Jaja- profirió Kent, quien era el más risueño y alegre del grupo.

_Qué se hará con mi viejo- dije-. Cuando toma se pone jodido.

Walter, quien era tranquilo, pero terco y reacio al molestarse, siguió:

_La cosa es que cuando abrí la puerta, me gané una sorpresa: eran mi tía y mi tío Pepe. Les saludé, pero ni bien había acabado de hacerlo, mi tío, quien estaba con una cara de pocos amigos, se puso a decirme de todo. ¡Qué palta! Se puso a decirme mi vida. ¡Que por qué duermes tanto! ¡Que qué inconsciente eres! ¡Que si un día te quedabas solo y dormido te robaban la casa! ¡Que te podían hacer daño y tú ni cuenta te dabas! Y otras muchas cosas más. Y yo, que hasta ese momento no entendía nada, tuve que dejarme llevar por las circunstancias, escuchar todo lo que decía y dejar que se desahogara. Mientras que mi tía se reía de todo el espectáculo.

_Ja. ¡Que Bueena!- dijo Kent, a la vez que yo también me reía.

_Bueno- continuó Walter-, luego de un rato mi tío se quitó, aunque amargado y tenso, pero un “poco” más calmado. Cuando se fue también me sentí un poco más aliviado. Luego le pregunté a mi tía Sonia cuál había sido la historia y las razones por las cuales mi tío Pepe se había comportado así. De hecho me sorprendió verlo tan alterado, tan enfadado. Fue la primera vez que lo vi así y espero también que sea la última.

_Jaja- dije-. Pero qué vaina, yo no me imagino a mi tío en ese estado, rayado.

_Ah, yo tampoco- dijo Kent, puesto a que él conocía un poco a nuestro tío Pepe. Era sabido que nuestro tío era un tipo quien gustaba de gastar bromas, tomar el pelo y contar chistes o experiencias graciosas cada vez que se le presentaba la ocasión, sin dejar, claro, que las bromas se lo hagan a él o menos que lo agarren de punto, en ese aspecto era bien pendejo, y aunque claro, como era sabido, era alegre y, sí, buena gente en la mayoría de los casos-. Debió haber sido palta- agregó.

_Sí pues- contestó Walter-, fue toda una anécdota.

_Ja- dijo Kent.

_A ver sigue- le dije.

_Ya pues, la cosa es que luego mi tía Sonia me contó todo, con lujo de detalles, y vi que todo tenía sentido, mi tío tenía razones de sobra para amargarse conmigo. Lo que pasó fue esto: Mi tío Pepe, unas horas antes, había venido a la casa, para que yo le diera el termo con agua caliente, una casaca y una frazada. Objetos que él venía de paso a recoger para llevárselos a mi tía, quien se encontraba en el Hospital Grau, haciendo compañía a mi primita, la bebita, quien recién había sido hospitalizada, por su problema de hernia, razón por la cual ella se iba a quedar a pasar la noche en el hospital. Mi tío recogió las cosas y rápido se quitó. Hasta ese entonces él estaba de buen humor, como siempre. Hasta ahí yo me acordaba. Todo ese trajín había sido coordinado por mi mamá, desde La Merced, vía telefónica obviamente.

_A ya, hasta ahí todo OK- dije-. Justo yo estaba con mi mamá en La Merced por esos días- agregué.

_A ya, chévere- confirmó Kent, como diciendo que lo comprendía.

_Sí pues- prosiguió Walter-. Ese día mi hermano estaba en La Meche, mi mamá estaba en La Meche, yo estaba en la hato y mi papá estaba choborra.

La Meche solíamos llamar informalmente a La Merced.

_Jajaja- nos reímos yo y Kent.

_Bueno- siguió Walter-, lo que pasó luego, de que se fue mi tío, es que fui a la computadora y al cabo de un rato me fui a dormir.

_ ¿A qué hora más o menos?- Interrumpí.

_Ah, a eso de las diez y pico.

_A ya- dije-, sigue.

_Sigo. Me dijo mi tía que cuando llegó mi tío, éste le dio las cosas que había llevado: el termo, la casaca y esas cosas. Mi tía Sonia, quien justo había ido al hospital ese mismo día, estaba al tanto y cuidando a mi primita en cuanto podía. Le daba su leche, miraba lo que hacían las enfermeras y de vez en cuando entraba al cuarto donde se encontraba la bebita con otros bebitos. Y estuvo en ese plan desde el medio día hasta la noche, casi sin haber comido y sin haber llevado las cosas necesarias para su estancia y la estancia de la bebe en el hospital.

Fue por esas razones y además el haberle dicho a mi tío que ella se quedaría en el hospital, a pasar la noche, por las cuales mi tío Pepe le dijo que mejor vayan a mi casa, para aprovisionarse bien y a lo mejor para pasar la noche.

_Sigue- dijo Kent-, está interesante.

_La cuestión es que luego fueron a mi casa- continuó Walter. Nuestro departamento quedaba por la calle Arriola y la Av. Canadá-. Y para eso mi tía ya poseía las llaves, mi mamá se las había dejado. Cuando llegaron, a eso de las doce y media de la noche, primero tocaron el timbre, como para que yo les abriera la puerta, mas yo no escuché nada y ellos siguieron tocando. A lo que mi tío dijo: “Seguro se han quedado bien dormidos”. Y mi tía Sonia le dijo, luego de darle una afirmativa: “Utilicemos la llave. Mejor tú abre, no tengo muchas fuerzas”. Y mi tío se puso a intentar abrir la puerta. En un principio lo hizo tranquilo, pero al ver que la puerta no abría intentó poco a poco forzarla. El llavero sólo contaba con dos llaves, una de la puerta de la calle y la otra del departamento. Luego de un rato y al ver que no la abría, sospechó que la puerta estaba asegurada del otro lado, y en efecto fue así. Entonces mi tío comenzó a llamarme, primero tocando al timbre y luego gritando; mientras mi tía hacía lo mismo, telefoneando. Y sin embargo yo seguía hateando. No me daba cuenta de nada.

_Jaja- nos reímos yo y Kent nuevamente.

_Y luego de tanta gritadera- continuó Walter- mi tío Pepe ya se estaba amargando. “¡Tanto duerme esa gente!”, dijo. A lo que mi tía le dijo: “Ya no grites tanto, los vecinos se van a molestar. Mejor llamo a su padre y a lo mejor él nos abre”. Y fue así, mi tía llamó a mi viejo, para que les abra, mas éste, que se encontraba un poco ebrio y en compañía de sus amigos, le dijo: “Hola cuñada. Toquen la puerta, ahí se encuentra Walter, él les abrirá”. Y mi tía Sonia le dijo la situación, mas mi viejo le repitió lo mismo y le dijo que si es que pasaba algo le volvieran a llamar.

Mi tía le dijo lo conversado a mi tío, y fue ésta una razón más para ponerlo de mal humor. Al poco rato se vio a mi tío volviendo a forcejear la puerta y gritando. Y ante todo eso… se hizo la luz, proveniente del cuarto piso claro, el departamento donde vivía el dueño del edificio, con su familia.

_Jaja- interrumpió Kent.

_ La cosa es que ese tío- prosiguió Walter- se asomó por la ventana para ver quién hacía el escándalo. Por un rato ese tío estuvo viendo, aunque con extrañeza y desconfianza, a mi tía y mi tío. Éste último le dijo que eran parientes de la familia del departamento del segundo piso. Y, por dadas las circunstancias, se habían ganado la sorpresa de encontrar la puerta bien cerrada a su retorno del hospital, ciertamente a altas horas de la noche.

El tío, que en un principio no se decidía si hacerles caso o no, terminó accediendo, diciendo que pasaría la voz a los del segundo piso. Luego de un rato mis tíos escucharon, desde afuera, cómo el señor ese tocaba la puerta y pasaba la voz a la casa, sin obtener respuesta alguna, a lo que pasado unos minutos decidió mejor abrirles la puerta. Mis tíos se lo agradecieron y se disculparon por la molestia, a lo que luego el señor les dijo: “Parece que no hay nadie”. Y mi tío Pepe: “Sí pues, parece”.

Por fin sintieron un alivio y creyeron haber pasado lo más difícil, además de los otros inconvenientes de estar afuera a la intemperie, en una noche fría y cerrada, además de estar en una calle a esas horas desolada y con riesgos, como tal vez la presencia de borrachos y delincuentes. Así que ya una vez delante de la puerta, del departamento, decidieron no hacer bulla y abrirla pacíficamente. Pero cuál no sería su sorpresa y enfado al darse cuenta que la segunda puerta ¡tampoco abría!

_Jajaja- profirió Kent.

_Y otra vez estuvieron en el mismo plan: de intentar abrir y no poder, de forcejear y enfurecer, de llamar o gritar y silencio no hacer. Hasta que en una mi tío se rayó de lo más feo que un tipo como él puede hacerlo y comenzó a patear la puerta, de forma brutal, mientras mi tía le decía que se tranquilice y para sus adentros ella se reía. ¡Y yo ni cuenta!

_Ja. Hasta cuando duermes eres jodido- le dije.

_Ah- dijo Walter y continuó-. La cosa es que de tanto intentar y patadas tirar por fin abrieron la puerta. Esta vez demoraron menos que con la puerta anterior, demoraron como quince o veinte minutos, mientras que con la primera puerta casi una hora.

Una vez dentro por fin pudieron decir, a plenitud y verídicamente: ¡Lo logramos! Y lo primero que se pusieron a hacer fue ver si realmente había alguien en casa. Vieron el comedor y la sala, y nada; vieron en la computadora, tampoco; pensaron en la cocina, pero era obvio que nadie estaría; el cuarto de los padres, vacío. Y mi tío dijo, a la vez que echaba un vistazo panorámico al departamento: “Debí suponerlo, no hay nadie. ¡Ay Dios!, tanta vaina para nada”. A lo que luego, revisando bien la casa, encontraron la puerta de mi cuarto, al fondo del pasadizo, cerrada. Mi tío Pepe, quien hasta ese momento estaba casi convencido en sus argumentos, fue hacia el cuarto precipitadamente, como a quien se lo lleva el demonio, y al llegar a la puerta se ganó otra sorpresa: ¡La perilla estaba con seguro! A lo que él dijo: ¡¡¡CARAJO!!!

Y nos matamos de risa.

No llores más


Me encontraba caminando a casa, meditabundo y consternado, ante esa realidad que aún no me era posible creer. Las calles estaban desoladas y el cielo, también, estaba gris, como manifestando el estado de ánimo que de mí provenía. Los pasos me parecían interminables, las cuadras gigantes, el camino una eternidad. Estaba con la cabeza gacha, como arrepentido de algo que, sin embargo, no había hecho. La nostalgia enmarañable de ese ser era lo que me deprimía.
De pronto, sin que me lo hubiese imaginado, vino una violenta ráfaga de aire que me enfrió la cara y el cuerpo, esa ráfaga despertó mi estado de alerta, que se estaba adormeciendo. Luego, como si ese soplido de borrasca me estuviera avisando, me encontré frente a casa.
Naturalmente ingresé, olvidándome por completo que mis padres habían viajado, para encontrarse con lo que quedaba de ese ser, de quien, justo, estaba pensando. Llegué a la sala y sólo encontré a Boris, mi gato, que como siempre, al verme, se me acercó y se puso a acariciar mis canillas con su peludo cuerpecito.
Almorcé rápido y también le di su comida al gato, pues como era tarde y la hora de llegada de mis hermanos estaba próxima, tenía que apurarme si es que quería ver algo de mis programas favoritos, ya que, para cuando ellos llegaran, tendría que apagar el televisor y hacer mis labores.

Me acomodé en el sofá, que se situaba frente al televisor de la sala; dando la espalda al comedor y a la puerta de la cocina; y que también tenía vista lateral al pasadizo, donde se encontraban los cuartos y el baño. En fin, la casa era pequeña y todo se podía ver desde ese sofá o “Trono”, como lo solía llamar mi papá. Ese sofá era el asiento favorito de mi padre y no podía ser utilizado por otro que no fuera él o, salvo, bajo su autorización. Curiosamente estaba violando su ley, pero a mí me dio igual, total, no vendría sino hasta pasada una semana.

Me encontraba viendo la televisión con Boris, a mi costado, él se situaba a mi izquierda, con mira hacia el pasadizo. Eran las nueve de la noche y todo a mi alrededor estaba oscuro, excepto, claro, el televisor. Estaba viendo la televisión transcurridas varias horas y mis hermanos aún no llegaban, no obstante, me acordé que habían dicho que irían de compras, por lo que me quedé más tranquilo.

Por ratos, cuando estaba viendo la televisión, regresaban aquellos tristes pensamientos y hacían que yo me sienta afligido, víctima. Sin embargo, en lo posible trataba de mantener mi mente distraída.

No podía obviar o dejar de lado, así de fácil, un tema tan crudo y a la vez trágico que aconteció en la familia. El viaje que hizo aquella persona para no volver jamás, fue un pinchazo de aguja en el corazón para cada uno de los miembros de la familia, y a mí en lo particular me afectó más, puesto a que siempre fui bien unido a ella. Y en las circunstancias en las que me encontraba ahora, solo en la noche, en la casa, convenía más tratar de no pensar en ello, para así evitar caer en depresión, aunque muy apenado ya lo estaba.
Fue así como en una de esas ocasiones, y decidido ya a dejar de lado todo pensamiento nefasto, se me ocurrió distraerme con el gato, quien se encontraba entretenido mirando algo en el oscuro pasadizo.

Al principio y al observar al gato en primera instancia creí que se trataba de un ratón, pero al ver al minino tan quieto y sin hacer nada, sólo mirando, refuté la idea, ya que de haber sido como creí, el gato hubiera ido tras el ratón, en breve.
Intenté llamarle la atención de varias formas, mas éste no hacía caso. Se lo veía muy atento con lo que miraba.
Luego, como revisando al gato, quien no se movía para nada, y creyendo que nada más podría ocurrir durante el día, vi en sus ojos algo que me llamó la atención: Boris tenía sus ojos bien abiertos y fijos en algo que estaba en la oscuridad; sus ojos estaban mirando como si delante de ellos hubiera otra cosa o criatura, pero como aún extraña para él. Intenté no prestarle la suficiente atención para seguir viendo la tele, pero algo dentro de mí me impulsó a seguir observándolo, supongo que era la simple curiosidad, el no volver a mis tristes pensamientos y también el saber el porqué de la extrañeza con la que actuaba mi mascota. Al poco rato y al verlo bien vi que sus ojos miraban como si delante de ellos acechara una amenaza. Esos ojos me alarmaron.
Por un momento creí que de un intruso se trataba, mas no se escuchaba nada, ni pasos, ni movimientos, ni nada.


La luna estaba oscura, era luna nueva; el cielo estaba negro, más negro que el interior de una cueva.

Recordé que en situaciones parecidas, en las que los gatos se comportan de lo más extraño y parecen ponerse como en estado de alerta contra cualquier amenaza que viniera, la causa del estado podría deberse a la presencia de algún otro gato o animal, puesto a que en parte se trata de animales territoriales. Mas este caso parecía ser más raro o por lo menos a mí me lo parecía.

Después de todo no podía obviar la posibilidad de que se tratase de alguna otra persona o un delincuente.


La incomodidad iba en aumento, en ambos, puesto a que Boris miraba hacia el pasadizo como con más ahínco y ya casi no respiraba, mientras que yo, al igual que el gato, miraba a lo oscuro y no distinguía nada. Me olvidé por completo de la presencia del televisor, su sonido se ahogaba en el ambiente expectante. Por un momento tenía pensado ir, acercarme para ver si de verdad pasaba algo, pero algo dentro de mí me dijo que tal vez no sería prudente. Así que me contuve y esperé, esperé a que sucediera algo. Estaba con algo de miedo, incomodidad, pero sobretodo con ansias, ansias de que ocurriera algo.


Luego y repentinamente, el gato, quien tenía la vista clavada en ese algo, comenzó a seguir a ese algo con la mirada. Él movía la cabeza de derecha a izquierda, cuando supuestamente ese algo se movía en zigzag, en la oscuridad. Sin embargo, no se escuchaba nada y en lo oscuro todavía nada distinguía.

Todavía no me hacía idea de qué era de lo que se podría tratar, a lo que luego me vino a la mente: “Puede ser un insecto, una polilla. Algún animalillo nocturno, silencioso como la misma noche”. Por lo menos eso me daba algo de esperanza, pero sabía que ese argumento podría ser tan falible como el que lo fuera argumentar que esa presencia o cosa sea un ave, porque me acordé que todas, o casi todas, las ventanas de la casa estaban cerradas, y si es que un animal o bicho hubiese querido entrar, primero tendría que haber abierto la ventana y eso obviamente no podría estar a su alcance. Lo que parecía probable era que tal vez un ladrón haya ingresado, trayendo consigo alguna cosa como para distraer a la mascota de la casa. Al fin y al cabo no estaba muy seguro del todo, por un momento creí no estar seguro de nada.

Inesperadamente el minino se movió. Retrocedió un poco y se paró, sin quitar, para nada, la vista en ese algo. Supuestamente ese algo se dirigía hacia el gato, por lo tanto a mí también.
No estaba muy seguro de qué manera iba a reaccionar, el trance, que para ese rato ya comenzaba a serlo, albergaba mi ser, no sabía con certeza qué es lo que iba a presenciar, pero el solo hecho de saber que fuera lo que fuera esa cosa iba a salir a relucir, haría que por una parte me sienta con menos incertidumbre, como que complacido por obtener una respuesta, pero de ahí a lo que ocurriera luego me dejaba con otra nueva.

Por alguna razón me había acordado de un poema de El bostoniano, en el cual un joven solitario en su cuarto, al igual que yo, en una noche sombría y plutónica, alejado del mundo para centrarse en el mundo y pensamientos de sí mismo, a la vez que echando de menos a un ser querido que se fue, para no volver jamás, cabeceando casi dormido, en tristes reflexiones embebido, y leyendo un viejo libro y raro de olvidada ciencia… de repente siente que una misteriosa visita le llama a la puerta. Una visita que no olvidaría jamás. Ciertamente no esperaba que esa visita sea la mía. Y aunque no era de aquellas personas que creían en cosas y eran supersticiosas, solía mantener una posición no dogmática sino algo más bien neutra, escéptica.

Por un breve lapso de tiempo intenté ponerme tranquilo, me dije: “¿A qué tanto misterio? A lo mejor es una cosa de gatos”. Y por más que me daba ánimos o intentaba dar explicaciones lógicas a lo que ocurría, sabía que de verdad algo extraño pasaba con el felino. De hecho fue la primera vez que lo vi así.

El trance, que para ese rato ya era ello, por la tensión bien no me dejaba respirar; el gato que estaba tieso, su mirada no podía vacilar.


Por último, Boris hizo ademán como si delante de él pasara una persona, yo no veía nada, pero él no le quitó para nada la vista, además lejos de erizarse o alterarse, como me lo había imaginado que haría, paradójicamente se portó de forma calmada, pero no dejando que se lo viera menos tenso y anómalo, y giró la cabeza cuando supuestamente ese algo cruzó delante de nosotros, con rumbo a la cocina.

Una vez que la mirada del gato se detuvo en la cocina, hubo un silencio espectral. Mi mente no entendía nada, las ideas se me entremezclaban, se contradecían, había un caos y por más que intentaba pensar, las ideas de una respuesta, de mi mente, se alejaban. Estaba estupefacto, frío, hecho una tumba y tan pasmado y perplejo que hasta la sangre se me heló. Luego de la cocina se escuchó una voz, que dijo: _ No llores más.