sábado, 17 de septiembre de 2011
Sueño del vano oficio
Hace poco me ocurrió algo curioso, no, más que eso, revelador, importante, y no fue algo que le suela pasar a uno todos los días, sino por el contrario algo que muy escazas veces en la vida- sobre todo de alguien como yo- le pueda ocurrir, si es que también llegara a pasar, y fue encontrarme con gente que comparte mis inquietudes y delirios de grandeza por una pasión muy particular y bella que es la escritura, la narración, el inventar historias y tratar de llegar a ser algún día un autor de renombre como los tantos que admiro. Fue en circunstancias particulares, sí, pero no improbables, ya que todo se dio en una librería, en cuya ocasión sólo había ido para averiguar por un libro y lucirme acerca de los libros que conocía frente al ayudante de la tienda, y al final me gané con que él sabía casi tanto como yo (¿o acaso más?) y por si fuera poco también escribía. De inmediato sucedió el interés del uno por el otro y al final esa afición en común fue la que trajo como consecuencia la amistad. La verdad él no estaba solo y me gané también con su pequeño grupo de jóvenes autores, cuya forma de vivir la literatura es un tanto bohemia, pero aceptable y conforme lo vivieron otros jóvenes autores muchas generaciones anteriores, como por ejemplo los poetas malditos franceses del siglo XIX. Ahora, tras cada uno haber revisado la obra de los otros y planear en hacer algo serio pronto, además de vivir la literatura (compartir apasionadas charlas sobre Sade, Poe, Baudelaire, Rimbaud, Dostoievsky, Chejov, Salinger, Bukowski, Roth, Cortázar, Ribeyro, García márquez, Vargas Llosa y Bolaño) , recién comenzamos con aquella actividad, alunas veces vista como de gran altura y otras vista como una pérdida de tiempo y hasta una mierda, que es la literatura.
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